Leyendo un post de Rob Sheridan recordé un amargo capítulo de mi infancia. Eran los 90’s , donde toda mi vida giraba en torno a una sola cosa: Nintendo. No teníamos internet para navegar, al menos no en mi círculo social de clase media. Así que no existían blogs para leer, escribir y comentar, ni facebook, ni twitter, ni google (creo que ya empiezo a recordar cómo fue mi vida A.G. ). Solamente vivía para jugar Nintendo, y a veces para andar en bicicleta y jugar a las escondidas. Sobre todo porque estaba aquella leyenda urbana que circulaba entre los círculos paternos, que decía que si uno jugaba muchas horas seguidas corría el riesgo de sufrir un ataque de epilepsia, así que tocaba volver al mundo real y jugar con metras, trompos, o cualquiera de esos artilugios aburridos de la edad media.
Como no teníamos internet no podíamos jugar en línea. No existía Unreal Tournament, Counter Strike, ni Starcraft. Así que todos los niños de los edificios cercanos nos reuníamos en casa de cualquiera (generalmente íbamos rotando diariamente el punto de reunión) y hacíamos nuestros torneos, siempre de 2 en 2. Street Fighter era nuestro juego predilecto, y el de muchísima gente.
Llegó un momento en donde uno quería medir sus fuerzas contra otros grupos de niños. Ya nosotros conocíamos cada una de nuestras fortalezas y debilidades, así que esas famosas eliminatorias se volvieron aburridas. Yo tenía que ganar más, era una sed de victoria constante, de ver con satisfacción la cara de frustrado de el que tenía el control 2 , quería salir de la frontera de mi edificio y ejercer mi dominio en otras partes de la ciudad. Así fue que conocí los juegos de Arcade (en Valencia les decíamos “maquinitas”). Era verdaderamente impresionante, una sala enorme de pura diversión electrónica, llena de gente que no conocías, llegaban de todos los rincones de la ciudad para ganarse un poco de popularidad, de acuerdo a su habilidad para patear traseros virtuales. Y ahí la vi, con mi camisa azul de colegio recién estrenada (tenía que quitármela para entrar al recinto, de lo contrario me negaban el acceso), la máquina de Arcade más impresionante que había visto: X-men vs Street Fighter.
La modalidad de juego era algo que nunca había visto: Podías escoger 2 personajes (yo siempre elegía a Ryu y Wolverine), una vez que se le terminaba la barra de energía a uno, salía el siguiente y continuaba la pelea. Incluso podías hacer un tag y cambiar de personaje en cualquier momento, disponiendo de unos segundos para hacer algún movimiento especial con los 2 hombres en la pantalla.
Tengo que admitir que me volví adicto a ese juego, lo único que le decía a mi mamá era que me llevaba al CC Camoruco, donde estaba la sala de juegos en cuestión. A veces me escapa de clases y me iba en la mañana a jugar, cuando no habían niños y podía pulir mis habilidades con los 6 botones.
Llegó un momento que me hice invencible en ese juego, todo el que llegaba a retarme perdía su monedita en cuestión de 2 o 3 minutos. De hecho llegué a jugar solo, contra la máquina, recuerdo que el último jefe contra el que peleabas era Apocalipsis, y era tan grande que tenías que saltar varias veces para que la pantalla subiera y pudieras atacarle en la cara. Luego de vencerlos, tenías que jugar contra la pareja que habías escogido, y después de ahí los gloriosos créditos, las iniciales MTH en la plaza 1.
Mis minutos de gloria acabaron cuando lo vi entrar, con su mirada distante, y cara de indiferencia. Saca de su bolsillo una mascota virtual, un juego de llaves y un par de moneditas, de esas que uno les metía a las máquinas. Presionó el botón start, y mi reinado duró minuto y medio. Detrás de él estaban como 20 chinos más, uno mejor que el otro. Simplemente no podía creerlo, horas y horas de práctica para que venga un chinito a joderme en menos de 2 minutos. Y habían mejores que él, para mayor frustración. Me fui del local molesto, y nunca volví… bueno sí volví, a darle la revancha, pero me jodió nuevamente.
Creo que se acerca bastante a lo que pueda sentir uno en estos días jugando Warcraft, allá afuera hay gente enferma que no hace más nada en la vida que no sea estar pegada al maldito monitor ( el cual también es mi caso, pero por trabajo =S ), y por más que lo intentes siempre habrá un chino que te va a joder. O algún Japonés, Coreano, Tailandés, etc. Es ley de vida, a menos que seas asiático, o Chuck Norris, estás destinado a ser un eterno n00b.
Rob, tienes toda la razón.
4 Comentarios
Yo pensaba que mi mamá era la ÚNICA persona en el mundo con tanta maldad-sobreprotectora por dentro, capaz de decirme que el Nintendo me causaría ataques de Epilepsia.
Es uno de mis traumas de niñez, todos los síntomas raros (dolor de barriga, fiebre, mudar los dientes, etc.) pensaba que era el maligno principio de los fucking ataques.
Los “salones de Billy” eran lo mejor. Estaba el salón de Billy de CC. Camoruco, estaba el del Big Low y el de Patio Trigal (mi preferido) donde estaba la maquinita de TMNT (las tortugas ninja) que siempre estaba full de gente pues todos estabamos dispuestos a pasar el jodido juego y lo logramos! jajaja era peluísimo de pana pero con el que más me enfiebré de chamo siempre fue la fiel y divertida mesa de hockey =P en la cual sigo siendo muy bueno XD
Nunca me dijeron nada sobre el nintendo aunque de verdad no tenia mucho tiempo para jugar, pero me gusto mucho tu blogs es muy bueno
Asi que eras tu al que mi pana le gano ese dia. hahahaha
Gracias por llevarme al pasado.